EL CUENTO DE FLORENCIA
Por: José Gerardo Marlés
Una mamita Florenciana con ganas de hacer dormir a su niño, lo acostó, lo abrigó y comenzó a contarle el siguiente cuento:
“Erase una vez un pueblo al que le llamaban Florencia. Sus calles estaban llenas de huecos, unos grandes, otros pequeños, otros semiparchados, unos con agua, otros secos, pero todos estaban ahí desde que Florencia nació; además estas calles permanecían cerradas porque la Policía, el ejército y el Gobernador, vivían cerca. Sus barrios eran sin alcantarillado, sin agua, sin luz, sin seguridad, sin calles pavimentadas y habitados por gente pobre, sin trabajo, desplazados e invasores creyentes en Dios y en los políticos de turno.
Florencia tenía negocios en los parques Santander y San Francisco, en donde se podía comprar desde un chorizo hasta un celular; también en ellos se encontraban brujos, hechiceros y jugadores de bolita. Sus andenes en el centro, estaban poblados de bafles, lo que hacía que el pueblo se pareciera a la Torre de Babel: nadie entendía a su vecino, así le hablara a los gritos.
Florencia no tenía parques infantiles, ni de recreación y la única forma de divertir a sus niños era llevándolos al Circo de la Playa. Los buses urbanos eran viejos, pasaban cada hora con sobrecupo y echaban más humo que tabaco de brujería; sus taxis no tenían tarifas fijas y cobraban las carreras según el marrano que se montara y la parte para donde viajara. Las motos abundaban, unas haciendo carreras cobrando y otras haciendo carreras gratis; ninguna de ellas podía entrar al centro con parrillero, porque terminaban su viaje en una grúa de la Alcaldía.
Por las noches, Florencia no tenía alumbrado público, lo que hacía que te atracaran por el celular o la cartera, no importaba la hora, así fueran las ocho de la noche. Sus ríos y quebradas estaban más contaminados que el Congreso y ya no transportaban peces, sino eses; más sin embargo, estos ríos y quebradas a veces se ponían furiosos y se metían a las casas de los barrios y se llevaban todo lo que encontraban a su paso.
En épocas de invierno, Florencia se quedaba sin vías y duraba hasta quince días sin comida, agua, gas y gasolina; había que hacer grandes colas y pagar el triple por lo que se necesitara. Sus escuelas y colegios no tenían todos los profesores y los que habían permanecían en paro, llorando por los que faltaban.
Florencia, tampoco tenía buen servicio de salud y cuando la gente se enfermaba, después de tres meses la echaban para Neiva, porque ya se había acabado el acetaminofén”.

Y el niño semidormido le preguntó a la mamita:

“Mami, y Florencia ¿No tenía mamita, ni papito?”
Y la mamita le contestó:
“Mi amor, Florencia era huérfana; sus padres adoptivos, nunca respondieron por ella.”
Y el niño preguntó:
“Mami, pero ¿quienes eran sus padres adoptivos y cuando venían a verla?-
Y la mamita le respondió tiernamente:
“Ellos se llamaban políticos y venían a verla cada cuatro años. Y como esto es un cuento, tengo que decirte que estos señores vivieron felices para siempre.”
El niño se sienta en la cama y abrazando a su mamita le dice:
“Mamita, ya no me quiero dormir. Con ese cuento, me quitaste el sueño”
FIN

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6 comentarios en «El Cuento de Florencia por José Gerardo Marlés»
  1. Existe – T – Il un moyen de récupérer l’historique des appels supprimés? Ceux qui disposent d’une sauvegarde dans le cloud peuvent utiliser ces fichiers de sauvegarde pour restaurer les enregistrements d’appels de téléphone mobile.

  2. Lorsque nous soupçonnons que notre femme ou notre mari a trahi le mariage, mais qu’il n’y a aucune preuve directe, ou que nous voulons nous inquiéter de la sécurité de nos enfants, surveiller leurs téléphones portables est également une bonne solution, vous permettant généralement d’obtenir des informations plus importantes..

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